3 ene 2015

Algo que hacer


Yo soy como una yerba salvaje
que tiene suerte de seguir viva a estas alturas.

Tú has crecido frondosa y de invernadero,
pero te falta el aliento de sangre.

Y la mirada furtiva y astuta,
como dardos que se clavan en las sienes
como espinas pacientes del rosal.

Mirada que no cede el paso gratuitamente,
atenta y depredadora.
Mirada viva, vibratoria y afilada,
como ésta que se cruza con tus ojos.
Eres justo lo que busco.

Quizá te preguntes en cauto silencio
¿y cómo llegué hasta tus ramas?
Huyendo de la brutalidad,
volando entre la estepa,
me he infiltrado en este huerto.

Vine a buscar tus semillas
porque me dijeron que contienen universos.
Vine a ser tan radical como una plaga
porque es preciso contagiarte de rabia.
Vine a ser tan poético que puedo ser literal:

Busco gente buena e ingenua en todo lugar,
pienso reclutarlos para pelear por la utopía.

6 dic 2014

Porque escribo libremente

Porque escribo libremente
quiero ser condenado.

Porque mi pluma no se calla,
pero a según, grita o susurra.

Escribe aún sobre cadenas
y trepa muros de silencio.


La censura es para ella
lo que Atila para el Papa.


Ella reteja los valles y montañas,
y aunque no muy hábil,


su inocente espíritu la acerca
a los cielos y a los pozos

a lo que estruja corazones
y a lo que deja sin aliento.


Mi pluma libre sufre mucho
y llora lo que no lloran tus ojos.

Mi pluma vuela alto y ligero,
mi pluma garza de las costas.


Ama con furioso incendio,
le gustan los sueños gigantescos.


Para siempre busca y deja
cuenta entera del pasado.


Como quien grabase en arena olvidadiza
unas huellas que el camino
recibió como sordos martillazos.

Esta vida y otra vida


A mi me gusta una mujer,
con carne en los huesos
y con ideas en la cabeza.

Me gusta el beso acompasado
de su boca frutal y veraniega.

Me gusta que me exprima
mil facetas y mil rostros y mil ojos,
y que de todos mane amor ardiente.

Me gusta ella, divina portadora
de lo inmediato y lo inefable,
de lo que busca la humanidad eternamente.

Quiero disipar ése acertijo suicida
quiero acompañar su fémino deambular,
quiero su mano jugando con la mía
en lujuria desbocada o atardecer solaz.

Quiero que se detenga el curso,
esta ciudad, este momento,
y que la piel me informe
que paramos para fundirnos,
sin aliento y por el propio deseo.

La quiero a ella, ahora y afuera,
ajenos del mundo y de la historia.

La quiero a ella y sólo a ella,
a su boca de posiones
y a su alcoba de pasiones.

A su pecho inflamado,
a su rubor provocativo,
a su abundancia delatora.

Todo conmigo en amalgama,
desperdigado, fúrico y crecido.
Altivo, tosco, audaz y en llamas.
Persistente y necio, luminoso y sin palabras.
Casi me disculpo de antemano:

Como el camino a la rueda
como el vuelo a la parvada,
como la ermita al ermitaño.

Sería gozada, sería vivida,
sería hecha hábito y destino.
En esta vida y otra vida,
más mía que nunca,
más suyo que desde el principio.