A mi me gusta una mujer,
con carne en los huesos
y con ideas en la cabeza.
Me gusta el beso acompasado
de su boca frutal y veraniega.
Me gusta que me exprima
mil facetas y mil rostros y mil ojos,
y que de todos mane amor ardiente.
Me gusta ella, divina portadora
de lo inmediato y lo inefable,
de lo que busca la humanidad eternamente.
Quiero disipar ése acertijo suicida
quiero acompañar su fémino deambular,
quiero su mano jugando con la mía
en lujuria desbocada o atardecer solaz.
Quiero que se detenga el curso,
esta ciudad, este momento,
y que la piel me informe
que paramos para fundirnos,
sin aliento y por el propio deseo.
La quiero a ella, ahora y afuera,
ajenos del mundo y de la historia.
La quiero a ella y sólo a ella,
a su boca de posiones
y a su alcoba de pasiones.
A su pecho inflamado,
a su rubor provocativo,
a su abundancia delatora.
Todo conmigo en amalgama,
desperdigado, fúrico y crecido.
Altivo, tosco, audaz y en llamas.
Persistente y necio, luminoso y sin palabras.
Casi me disculpo de antemano:
Como el camino a la rueda
como el vuelo a la parvada,
como la ermita al ermitaño.
Sería gozada, sería vivida,
sería hecha hábito y destino.
En esta vida y otra vida,
más mía que nunca,
más suyo que desde el principio.

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