23 ene 2016

Notas sobre las asambleas estudiantiles (Nov. 2014)



-Son una especie de democracia muy particular, el único adjetivo que viene a mi mente es salvaje. Una democracia sin mucha idea y con bastante inocencia, franqueza, casi transparencia; un deseo irrefrenable de defender lo esencial de las democracias (que no lo más importante): la inclusión. Pero yo creo que este afán de pureza es más un temor a ensuciarse las manos que una especie de pulcritud santa.



-Los estudiantes tienen miedo, como todo mexicano. Nos encontramos traumatizados por la violencia sistemática del Estado mexicano, que siempre recrudece cuando gobierna el PRI (cosa que parecía imposible después de Calderón), como si esa fuera la verdadera meta gubernamental. Gracias a ese terror que ha dejado estragos, ha sido difícil convencer a otros de que algo así como una “asamblea democrática” valía la pena, ¡y para qué hablar de un movimiento o una acción directa! Pero se ha ido logrando el apoyo, se han ganado las voluntades de varios sectores populares y poco a poco, muy lentamente, el país va teniendo idea del estercolero en que habían convertido el gobierno, y cómo todos los narcopolíticos podían fingir y predicar muy bien acerca de por qué no olía a mierda.



-Otra razón que me permite caracterizarla como una democracia salvaje es que uno muy pronto se da cuenta de que se trata de asambleas hostiles en varios sentidos: es un público instruido (aunque no lo suficiente) y difícil de contentar. Además de que por el esmero encendido de “hacerlo bien” en un sentido moral fuerte, las asambleas suelen alargarse y eso provoca un ambiente todavía menos apto para el estudiante medio de hoy, acostumbrado a lo fácil y rápido. El acostumbrado a las prisas o a la comodidad. En asamblea ni una ni otra: lento y jodido, con pocos avances, pero progresando. Carajo, ¡pero progresando! ¿Por qué la gente no se fija en eso?



-Sería legítimo decir que estoy ahí por lo que decía Platón: no hay que dejarle el gobierno a los peores hombres, y ese temor hará que nos involucremos más que los estúpidos o los injustos. Consciente de mis carencias y tomándolo por verdad, repito lo mismo a mis conocidos: hace falta (y nunca sobra) en una asamblea gente sensata, bien formada, con capacidad oratoria y organizativa para tejer resistencia sólida.



-Sobre este último punto, también es legítimo hacer unas cuantas caracterizaciones estudiantiles:



Están los antiparistas que ni siquiera se molestan en ir, junto con los pro-gobierno dogmáticos e incondicionales, y si hacen presencia es por medio de espionaje o de halcones. Es decir, la más rancia de las cepas reaccionarias. Pueden pecar de ignorantes en algún momento.



Luego están los antiparistas no dogmáticos, dispuestos intelectualmente a cambiar, pero por alguna razón todavía no materialmente. Ellos apoyarán los paros si hay razones, pero no van a ir a sostenerlos; ellos recriminarán el menor de los errores de los compañeros más activos y a la menor provocación cambiarán su discurso a favor de la autoridad.



Están los verdaderamente neutrales, los ignorantes, los idiotas o los que reconocen que no tienen una opinión sincera favorable y fundamentada mayor para uno u otro bando. Por lo general son estudiantes poco politizados (muchas veces también los otros dos) de modo consciente, pues únicamente reproducen la ideología con la que conviven cotidianamente, o bien su oposición termina con el puro rechazo.


Siguen los paristas moderados, por lo general estarán a favor del paro y ayudarán con labores fáciles para esos días. Su límite suele ser la insistente no violencia, que una vez más es aquella pureza que disfraza su cobardía. Estos son la mayoría de los alumnos que podrían organizar algo así como “un movimiento solidario” que genere las condiciones de una “huelga nacional”. El panorama no es nada alentador.



Y se pone peor, por último están los radicales a rajatabla, anarquistas, comunistas, y en general toda esa gente que cree que ha dado con la bondad y la verdad eternas. Ellos están dispuestos a cualquier cosa por sus valores sólidos e interiorizados debidamente. En los paros son quienes cuentan con más experiencia y quienes serán fundamentales para sostenerlo. Son la muestra de que una disciplina axiológica cosecha grandes frutos, que no suficientes sin apoyo.



De entre todos ellos, es difícil hallar gente sensata, con argumentos serios y acaso dispuesta a compartirlos en un afán de mera reflexión, para decidir colectivamente del mejor modo. Y por eso puedo volver a mi comentario a propósito de Platón: ¡cuánta razón tenía!, no se trata de ideologías, se trata de los mejores hombres, de esos que tienen compromiso con la verdad y el bien, por encima incluso de sus vidas, y en esa medida están dispuestos a poner celoso empeño en su labor. Y aún de entre estos, habrá que elegir a los que tengan verdadera capacidad para su tarea.



-Quizá deba hacer especial énfasis en el compromiso, pues las asambleas sí son espacios que, en nuestro contexto, constituyen un riesgo físico y psicológico real para quienes las frecuentan. Ser estudiante y ser opositor es de alto riesgo, pero hoy no hay otro modo digno de vivir.

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