6 dic 2014

Porque escribo libremente

Porque escribo libremente
quiero ser condenado.

Porque mi pluma no se calla,
pero a según, grita o susurra.

Escribe aún sobre cadenas
y trepa muros de silencio.


La censura es para ella
lo que Atila para el Papa.


Ella reteja los valles y montañas,
y aunque no muy hábil,


su inocente espíritu la acerca
a los cielos y a los pozos

a lo que estruja corazones
y a lo que deja sin aliento.


Mi pluma libre sufre mucho
y llora lo que no lloran tus ojos.

Mi pluma vuela alto y ligero,
mi pluma garza de las costas.


Ama con furioso incendio,
le gustan los sueños gigantescos.


Para siempre busca y deja
cuenta entera del pasado.


Como quien grabase en arena olvidadiza
unas huellas que el camino
recibió como sordos martillazos.

Esta vida y otra vida


A mi me gusta una mujer,
con carne en los huesos
y con ideas en la cabeza.

Me gusta el beso acompasado
de su boca frutal y veraniega.

Me gusta que me exprima
mil facetas y mil rostros y mil ojos,
y que de todos mane amor ardiente.

Me gusta ella, divina portadora
de lo inmediato y lo inefable,
de lo que busca la humanidad eternamente.

Quiero disipar ése acertijo suicida
quiero acompañar su fémino deambular,
quiero su mano jugando con la mía
en lujuria desbocada o atardecer solaz.

Quiero que se detenga el curso,
esta ciudad, este momento,
y que la piel me informe
que paramos para fundirnos,
sin aliento y por el propio deseo.

La quiero a ella, ahora y afuera,
ajenos del mundo y de la historia.

La quiero a ella y sólo a ella,
a su boca de posiones
y a su alcoba de pasiones.

A su pecho inflamado,
a su rubor provocativo,
a su abundancia delatora.

Todo conmigo en amalgama,
desperdigado, fúrico y crecido.
Altivo, tosco, audaz y en llamas.
Persistente y necio, luminoso y sin palabras.
Casi me disculpo de antemano:

Como el camino a la rueda
como el vuelo a la parvada,
como la ermita al ermitaño.

Sería gozada, sería vivida,
sería hecha hábito y destino.
En esta vida y otra vida,
más mía que nunca,
más suyo que desde el principio.

27 oct 2014

La Guardia del Emperador

Cierto día se encontraba el Emperador muy cavilante. En esa hora próxima al ocaso, donde todo es ocio en todo el mundo, contemplaba a sus guardias y pensaba "¿qué estos hombres no aspiran a nada más?, se ven tan felices cumpliendo sus funciones". Y tenía razón, ellos estaban al menos satisfechos. No era para menos, ser miembro de la Guardia Imperial era todo un honor entre los soldados, además la paga era muy buena, y la pleitesía que la sociedad ofrecía para ellos no era nada despreciable.

En realidad un guardia imperial no hacía gran cosa, sólo estaba parado viendo de frente hacia la enorme plaza que usualmente tenía frente a sí la racámara en la que quisiera yacer el Emperador, él hacía presente y corpóreo todo el poderío de su señor; muy rara vez había peligro de verdad, pero, en cualquier caso, todo guardia estaba preparado para afrontarlo.

Naturalmente, la recámara predilecta del Emperador era el Palacio del Dragón, por ser la más amplia y lujosa, por su pomposa atmósfera, casi venida de algún rincón que los dioses le hayan concedido del perfecto más allá; ahí iba él a relajarse, o incluso pedía algunas veces que viniesen los escribas para dictar documentos de uso corriente y otras cosas propias de un Emperador.

En segundo lugar de su preferecia se encontraba la Cámara de Jade, que estaba dedicada a las pasiones del Señor; había una especie de harem gigantesco, al estilo del imperio vecino: una cama extendida en una circunferencia enorme, justo rodeando un enorme centro floral, donde cojines de seda invitaban a apoltronarse, y mujeres desmpampanantes y bellezas raras yacían a disposición, atendidas siempre por eunucos de aspecto risible o hasta pordiosero, a pesar de encontrarse debidamente uniformados. Ahí iba el Emperador a procurar la descendencia divina que dirigiera al Imperio hacia sus más grandes días, ahí el señor del Sol creaba el futuro a plenitud, o quizás perpetraba el presente.

Cada habitación tenía sus imponentes guardias, cada uno blandía tres aceros de distinto tamaño para distintos propósitos, uno se ubicaba colgado al hombro sobre la camisola que se extendía hasta poco arriba de las rodillas, otro menor colgaba del cinturón, bajo la camisola, y uno último llevaban oculto bajo los vendajes que cubrían parte de las piernas.

Cada uno de los hombres de la Guardia era formado en el mismo batallón, uno de élite y cuyos procedimientos eran conocidos por la extrema exigencia, precisión y crueldad; eran en fin, militares de excelencia y los únicos que poseían el honor de estar a centímetros del Divino Señor. Y por todo esto, eran leales y capaces como ningún otro grupo de hombres en el país. Pero, pensaba el Emperador, "¿por qué eso les basta?, a mí no me bastaría" ¡Qué poco entendía todo el hijo del Sol!

Quizá por eso era Emperador y no otra cosa, su ser era mandar y jamás conformarse. No le parecía suficiente la satisfacción, el patriotismo o la felicidad, ni ser un militar de excelencia. Tenía que ser por fuerza el mejor, el jefe máximo, de quien nadie pudiese resistir una orden y quien nunca tuviese que recibirlas. Ése era el Emperador, y por eso jamás entendería a sus leales y casi sobrehumanos guardias.


Pasaron los días, uno tras otro, y esa preocupación no abandonaba la cabeza del Emperador, y comenzó a volverse algo muy angustioso. Comenzó a tener paranoia, comenzó a especular demasiado y a preocuparse en exceso por una posibilidad que para cualquiera era obviamente inexistente; a veces soñaba que algún guardia le tejía una trampa y lo apuñalaba para ceñirse su corona y sus atavíos, mientras el resto de la Guardia festejaba sobre su cadáver. Soñaba también que alguien misterioso se escabullía en la cocina, y sin ser visto más que como una sombra, le envenenaba el arroz, que al llegar a él, los guardias cambiarían hábilmente de lugar una y otra vez para no probarlo; incluso llegó a soñar que alguno de su leal escolta se asociaba con magos rebeldes y hechiceros oscuros para mermarlo y hacerse con el poder, sí, la táctica le era bien clara, irían poco a poco devastándolo, a distancia, casi metódicamente y con amor, primero con esas turbadoras ideas, y luego con algo peor.

Entonces, otro de esos pesados días que le carcomía la misma zozobra, como el agua y su caer contínuo a las piedras, mientras miraba el último Sol del mundo, preguntó a su guardia con voz pacífica y grave:

-Soldado, ¿eres feliz?
-Así es, Señor.- Dijo aquel hombre de impresionantes ciento ochenta centímetros de alto, con toda honestidad.
-¿Por qué?- Dijo un Emperador de rostro desencajado, como moldeado por una tragedia interminable.
-Porque hago lo que mejor se hacer, protegerlo a usted y a este salón.- Atajó el guardia para la mejor comodidad del Señor. El Emperador caviló un poco y, como si hiciese preguntas prohibidas o impertinentes, espetó:

-¿Y no te gustaría tener otro trabajo?
El guardia se sorprendió mucho, jamás se le había ocurrido la posibilidad de llevar otra vida, y así, con esa inocencia de guerrero, preguntó:

-¿Cómo dice?
-¡Ser algo más!- Dijo el Emperador con un tono que dejaba entrever algo de desesperación, quizá madura (o podrida), que llevase preguntándose las mismas cosas una y otra vez.

-No Señor, estoy perfectamente.

Y entonces el Emperador volvía a cavilar. Desde hacía varios días, toda su Guardia le notaba tenso, y en todas las habitaciones donde pasaba, la sensación de que algo oscuro y pesado se enseñoreaba del lugar era, por decir lo menos, densa y permanente. No era la primera vez que lanzaba estas preguntas a quien estuviese en turno, sacando a más de uno gestos genuinos de extrañeza. La Guardia ya estaba preocupada y, por reflejo, también tensa. Corrían fuertes rumores de traición y conspiración, algo que jamás había ocurrido antes, quizás porque para los guardias, tales ideas no tenían ningún sustento.


La noche de ese mismo día, en esa misma recámara, el Emperador recibió un sigiloso pero certero corte en la yugular, y sobre él, ya muerto, se alzaría horas después el radiante nuevo Sol; la sangre que había brotado de su garganta como si ésta fuera una fuente, ahora yacía seca en los peldaños y llegaba hasta el piso, el reflejo escarlata que se producía honraba sus blasones. Un guardia valeroso descansaba sus pies sobre el cadáver imperial, sentado al trono y con la corona ceñida. Estaba por ordenar que le ataviaran adecuadamente. El resto de la Guardia prefirió callar, obedecer y mantener el gobierno funcionando, pues solamente había una diferencia y no había razones para hacer demasiado alboroto, todo seguiría igual.

A fin de cuentas, el propio Emperador era el mejor ejemplo de que la ambición más grande y desbordante era lo mejor pagado. ¿Qué mejor manera de honrarlo que ésta? Pensemos en esto, ¿qué clase de horribles cosas y de oscuras infamias no habría ejecutado él mismo o sus ancestros para ser Emperador? La Guardia pensaba ahora que pactar con los dioses requería de espíritus capaces de cualquier cosa. ¿Estaba la Guardia corrupta por ser capaz de asesinar al hijo del Sol?
 

4 jul 2014

2

Si tu abrazo, Melina, de mí pendiera,
excediera el centímetro frontera
de esta coraza árida y artera,
¡que sed de tu ser de agua y arena!

Y si por mí fuera, Melina alegre,
poseería tu cuerpo rebelde:
que tu feminidad, oh furor hirviente,
venga receptáculo de mi simiente.

¿Por qué mi amor te extraña locamente?
No soporta más lejos saberte...
no soporta más tu ausencia breve.

Si por mi fuego hambriento fuese
ya seríamos fieras refulgentes,
rugido originario, mar que se estremece.

23 jun 2014

Bucle de tres y medio minutos en un día especial

Mi generación, como todas, está aqui para romper paradigmas. Si bien vivimos usualmente entre cosas que son algo vacío, de ellas emergen grandes columnas de últimos sentidos: sendos gritos de existencia y de batalla. No solo queremos espacio, queremos ser sin más, y porque sí.

El mundo jamás ha visto mayor pérdida de tiempo que tener que hacer defensa de la pureza, de las intenciones verdaderamente valientes y buenas. Por ello, el modo de ser que nos corresponde va más allá, no se trata de responder sino de retirar la pregunta y de volver al origen, sin por ello dejar de reconocer el camino andado.  Se trata de literalmente co-rresponder.

Esta consciencia, este volver, hace que seamos auténticamente, sin más que lo que siempre hemos sido y lo que llevamos ocultando tras siglos y siglos de civilización, tras magníficas construcciones e inacabables tratados: pura voluntad y puro deseo.

Deseo de esto o aquello, deseo incesante. En consumarlo nos consumimos, y somos felices. Esa será acaso la luz que hemos de dejar a otros seres perdidos en la existencia, serán las huellas de cada uno de nuestros pasos sobre aquello que quisimos caminar como un camino. Breves pero profundas, críticas e implacables pero también amorosas y honestas. Si Dios quiere, jamás nos apagaremos, y brillaremos en otros como siempre ha brillado la rebeldía, dejándose entrever y saboteando el orden, haciendo grietas en el edificio perfecto, desbaratando sus cimientos de cínica mentira.

Por eso, si te repugna lo que ves, si no te llena lo que tienes, y si preferirías estar muerto o, mejor dicho, ver morir la decadencia que te rodea, eres mi hermano. Reconoceme y reconocete, sólo nos tenemos a nosotros, somos un puñado de sal que flota aleatoriamente por las aguas. Y prendernos fuego es prenderle fuego al mundo, al pinche mundo.

5 jun 2014

El Cantar del Enigma*


Eso que elude este verso y cualquier otro,
Inaudito para el oído más agudo, informe para el ojo más sagaz o la mente más clara,
Ni en la tradición ni en la fama, ni en la felicidad ni en la riqueza,
Ni aún en el pulso de cada corazón y cada vida en todo el mundo
incesante aparece,
Eso que tu y yo y todos perseguimos y siempre siempre perdemos,
Abierto pero aún secreto, lo real de lo real, una ilusión,
Sin menoscabo, muy digno para cada uno, mas nunca domeñado por el hombre,
Eso que vanamente buscan atisbar los poetas en su rima, y los narradores en su prosa,
Eso que el escultor jamás ha cincelado, ni el pintor ha pintado,
Eso que el vocalista jamás ha cantado, ni el orador ni el actor han expresado,
A invocarlo aquí y ahora emplazo con mi cantar.

Indistintamente, entre refugios públicos, privados, en soledad,
Tras la montaña y el bosque,
Compañero de la ciudad en medio de avenidas abarrotadas, a través de la asamblea,
Eso y sus efluvios sobrevuelan constantemente.

En la mirada de bebés puros e inconscientes,
O extrañamente en los cadáveres encajonados,
O mostrándose al romper el alba o en las estrellas de la noche,
Como aquello que disuelve el delicado velo de los sueños,
Ausente y sin embargo permanente.

Lo abarcan dos pequeños suspiros de palabras.
Dos palabras, mas de principio a fin todo Lo abarcan.

¡Cuán ardientemente por Eso!
 ¡Cuántas naves han zarpado y naufragado por Eso!
¡Cuántos viajeros partieron de sus casas y jamás volvieron!
¡Cuánto genio valientemente arrojado y perdido por Eso!
¡Cuán innumerables reservas de belleza, de amor, se arriesgaron por Eso!
¡Cómo todos los hechos más soberbios desde el inicio del Tiempo son causa Suya --y
lo serán hasta el final!
¡Cómo todos los heroicos martirios son causa Suya!
¡Cómo, justificados en Eso, los horrores, las batallas y los males asolan la Tierra!
Cómo las brillantes fascinantes centelleantes flamas de Eso, en toda época y
país han saturado los ojos humanos,
Pletórico como un ocaso en la costa noruega, el cielo, las islas y los
peñascos,
O las brillantes quietas luces hiperbóreas inalcanzables de medianoche.

Quizás Dios lo atavió, tan ambiguo y a la vez tan indudable (irrefutable),
Toda el alma para Eso, y todo el universo visible para Eso,
Y el cielo al fin para Eso.

*Traducción de A Riddle Song. Por el enorme Walt Whitman.

4 jun 2014

Diario de un namibio*

4 de julio, 1989 (En realidad lo escribo el 23 de febrero, 2013)
Dos hermanos africanos bañándose, y cuando llega la hermana africana, ella intenta bañarse con ellos. Al principio no la dejan, luego uno de los hermanos comienza a excitarse y le permite quedarse ahí, la roza. El otro se da cuenta y también se excita. Los dos abusan de ella sin piedad, primero gradualmente suben de tono, hasta que alguno pierde el control. No hacen falta los detalles.

La hermana parece perturbada, pero jamás dirá nada. Los hermanos creerán que es normal hasta que sean descubiertos por su madre, quien los molerá a palos después de perseguirlos y alcanzarlos por los rincones de aquella villa miseria. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, y aún me produce una reconfortante satisfacción.

1 de marzo, 2013
La ciudad más cercana está a 4 horas a lomo de bestia. La vida es asquerosa para cualquier occidental. Ahí mismo es más o menos un paraíso, pero sin comida y sin respeto. Sólo no hay preocupaciones ni recursos, pero está lleno de drogas y de voluptuosidad.

Igualmente, si finges ser cristiano, podrás obtener un poco de comida sustanciosa. La Biblia es un texto muy extraño. Parece que lo escribió un loco, o un pendejo, o alguien que era ambas. Follar con la familia es aberrante, es propio de pelados... y Dios lo permite. Ese Dios se parece a los blancos, es hipócrita.

Nuestros dioses bailan y se desnudan frente al fuego, porque son de verdad. Cogen y disfrutan, y lloran sus pérdidas porque participan del mundo y éste les importa. Pero no por eso dejan de poder hacer y deshacer a su antojo. La cosa es que se ciñen a esto, a lo creado. En occidente eso se olvidó hace mucho. Está prohibido limitar al hombre, ese es el único pecado que condenarían, y añaden en secreto, está más prohibido limitar al hombre blanco. Por eso sus dioses son hipócritas.

Pero el racismo acá no interesa, ni nada. Somos paz, vivimos en pequeño. Nos interesa bien poco lo demás. 

9 de marzo, 2013
Yo quiero ser jugador de fútbol, como Bandián. Esa era una gran película. Pero tengo unos 30 años, soy un poco viejo para eso, y demasiado inocente. Soy el buen salvaje.

17 de marzo, 2013
Lo haremos a mi modo. Iré a la costa a buscar latas para venderlas el domingo en las pulgas de la ciudad. Eso me dará suficiente para comprar algunas semillas y un poco de khif.

14 de abril, 2013
Me corté al raparme, creo que tengo algo mal, o eso me había dicho un jodido blanco en bata, comparto navajas y jeringas... pero lo he hecho toda mi vida. No me importa, a la gente le da sida acá desde que llegaron los blancos, y no es lo peor. Son demasiado asquerosos. Tendré que ponerme a bailar con mis últimos alientos. ¿dos años de baile, o dos minutos? Es lo mismo.
 
9 de mayo, 2013
El día que quise salir de aquí me di cuenta de que podía lograrlo y entonces decidí dejar de intentarlo, no tendría nada que hacer afuera. No soy tan fuerte como otros, entonces me dedicaré a motivarlos a que sigan fuera de esto, esto es muy pequeño, estoy muy seguro de que el mundo puede tener más males y bienes que todos los que he visto en mi precaria vida. Mentira, no voy a ayudar a nadie a nada. Que se jodan, o que disfruten como yo.

20 de abril de 1990 (En realidad lo escribo el 12 de mayo, 2013)
Ayer recordaba cómo alguna vez tuvimos que bañarnos en la sopa. La tina era el único recipiente repleto de agua que quedaba, y mi madre lo olvidó. No quedó más que almacenarlo y verter ahí las verduras para que se cocieran. Tuvimos sopa por semanas, cada vez sabía mejor al principio, y luego peor. Luego mi hermano se enfermó. Y mi hermana tiró lo que sobraba. Luego la volví a violar, aunque creo que eso no cuenta como violación, ese día parecía gustarle mucho. La "castigaba" por haber tirado comida, eso merecía muchos castigos sin duda alguna.

Jamás supe por qué les quitaban el clítoris, también la mayoría de los beduinos están locos. Oír los gemidos que produce lamerlo es descomunal, es airoso, magistral y grandioso. Sería más fácil encadenar mujeres a la casa como castigo y disciplina, como en algún pueblo vi alguna vez.

13 de mayo, 2013
Por cierto, me mudé al barrio vecino, que está a tres horas bajando por Ko'wné. Seis horas en total a pié. Es la misma cosa que de donde vengo, pero acá las mujeres conservan el pecho descubierto al público. Yo soy lo suficientemente occidental como para excitarme al respecto. Extraño a mi hermanita.

6 de agosto, 2013
Hoy penetré a una de aquellas gacelas negras. Era joven y firme, estaba calva en todo sentido. Fui feliz.

20 de agosto, 2013
¿Algún día moriré? Tú me leerás y algún día esto estará en internet. Seré inmortal.

29 de agosto, 2013
Si tuviera que decir algo cada día, mejor lo diría en lugar de escribir lo que me pasa, o lo que creo que me pasa. El silencio es algo subvalorado. Sólo los empleados se callan, sólo los denigrados, los marginales. Callar es ser libre de muchas maneras, escribir es hacer-lo-libre y atreverse, sin dejar de ser marica.

31 de octubre, 2013
Esta es la última hoja de mi cuaderno. Le cambié las otras a un mercader por hachís del magreb, parece que la cosecha salió buenísima. Le ofrecí otras hojas blancas y él quería las mías, las de este cuaderno, sobre todo éstas que quedaban vacías y medio llenas. Sabe con toda seguridad que si no escribo iré a drogarme y a comprarle más. O quizás quiera él mismo escribir para dejar de vender mierda. Hasta pronto, ya no tengo hojas.

* La traducción es mía.