23 jun 2014

Bucle de tres y medio minutos en un día especial

Mi generación, como todas, está aqui para romper paradigmas. Si bien vivimos usualmente entre cosas que son algo vacío, de ellas emergen grandes columnas de últimos sentidos: sendos gritos de existencia y de batalla. No solo queremos espacio, queremos ser sin más, y porque sí.

El mundo jamás ha visto mayor pérdida de tiempo que tener que hacer defensa de la pureza, de las intenciones verdaderamente valientes y buenas. Por ello, el modo de ser que nos corresponde va más allá, no se trata de responder sino de retirar la pregunta y de volver al origen, sin por ello dejar de reconocer el camino andado.  Se trata de literalmente co-rresponder.

Esta consciencia, este volver, hace que seamos auténticamente, sin más que lo que siempre hemos sido y lo que llevamos ocultando tras siglos y siglos de civilización, tras magníficas construcciones e inacabables tratados: pura voluntad y puro deseo.

Deseo de esto o aquello, deseo incesante. En consumarlo nos consumimos, y somos felices. Esa será acaso la luz que hemos de dejar a otros seres perdidos en la existencia, serán las huellas de cada uno de nuestros pasos sobre aquello que quisimos caminar como un camino. Breves pero profundas, críticas e implacables pero también amorosas y honestas. Si Dios quiere, jamás nos apagaremos, y brillaremos en otros como siempre ha brillado la rebeldía, dejándose entrever y saboteando el orden, haciendo grietas en el edificio perfecto, desbaratando sus cimientos de cínica mentira.

Por eso, si te repugna lo que ves, si no te llena lo que tienes, y si preferirías estar muerto o, mejor dicho, ver morir la decadencia que te rodea, eres mi hermano. Reconoceme y reconocete, sólo nos tenemos a nosotros, somos un puñado de sal que flota aleatoriamente por las aguas. Y prendernos fuego es prenderle fuego al mundo, al pinche mundo.

No hay comentarios: