12 nov 2013

A los viles sufrientes

Quisiera condenar a todos los sufrientes
porque los estimo vergüenza de la Vida,
pero (afortunadamente) no soy juez.
Todos somos libres,
o eso dicen los maestros.

Quisiera poder emanar mis verdades
como el Sol hace con su luz,
como las cascadas cristalinas y refrescantes
se me antoja que los hombres saboreen estas aguas;
pero hasta el amor del Astro frena al tocar la copa de los árboles
y la cascada encuentra cauce que no conviene desviar.
¡Santo el Sol de infinita luz, santas las aguas de implacable arrastre,
que aún poseyendo tan magno poder se ciñen al mundo!

Dar(se como) lo más grande jamás ha sido fácil,
aquello que sobreabunda,
resulta un atributo que pocos elegidos pueden recibir,
un bien que pocos medios pueden reiterar.
Es preciso crecer montaña entre los valles
y atalaya entre los pueblos.
Porque lo semejante atrae a lo semejante,
o eso dicen los maestros.

Por eso para algunos (viles) soy más bien un halcón,
que en su divina soledad ha tomado secreto rumbo y encontrado paz:
de vez en cuando me disparo hacia la pradera
para volver a las alturas con un ratón sobajado por mis garras,
lo despedazo al vuelo, bebo su sangre tibia,
finalmente trago su espíritu como última compasión.
Así es mi compromiso, según mi alianza y mi consagración.
¡Santo se me antoja el deber de los halcones!

A quienes me muestro como hombre,
soy de esos que parecen verdugos de pesadilla,
mi forma presenta un espectro vigilante, errante...
omnipresente (la esquizofrenia);
el Insondable, el Terrible y el Potente se me ha querido llamar.
Siempre estoy acechante,
tras (en, a través de...) un reflejo,
en la inmensidad de las pupilas del observador
o en medio de profundos signos de interrogación.
(¡Mírame!)
Otros me llaman con razón el Tabú,
me confunden con cierto Príncipe Oscuro,
pero en verdad que no soy más de lo que necesitan
ante la hora más larga, ante la hora más violenta.
Porque soy infinita luz e implacable arrastre,
y aún poseyendo tan magno poder me ciño al mundo.

A veces incluso soy las mentiras que nos susurramos
a nosotros mismos,
el sigiloso coraje o el estruendoso odio de los que se suicidan
y las traiciones más rastreras, pútridas y obscenas;
unas veces más soy el piso que se mueve mientras estén borrachos,
y otras soy unas cuantas voluntades quebradas por el azar;
la noche siempre es más negra antes del amanecer,
o eso dicen los maestros.

Porque la crueldad es hermosa
cuando la sufre aquel de ojos altivos y mirada sublime,
la desgracia prueba mejor que nada
lo lejos que han de llegar los de marcha perseverante.

Quien sabe verse en mí,
será su propio halcón,
entenderá que los ratones sólo son alimento.
Comprenderá (el amor) en torno a existir
no dirá palabra alguna;
empero será la copa de los árboles,
el cauce de las cascadas y los ríos,
crecerá montaña entre los valles
y atalaya entre los pueblos:

En su divina soledad, tomará secreto rumbo y encontrará paz;
volará a través de un viento tan frío
que todo lo profano en él sucumbirá.
Se disparará hacia la pradera
para volver a las alturas con el miedo sobajado por sus garras,
lo despedazará al vuelo, beberá su sangre tibia,
finalmente tragará su espíritu como última compasión.
Así será su compromiso, según su alianza y su consagración.
¡Santo será su deber!

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