19 ene 2015

Diez razones para leer (y hacer) poemas

Creación con rayos astrales, R. Varo.

1. Diversidad
Los hay pequeños, grandes y enormes; sencillos, oscuros y simbólicos o directos y secos, violentos. Los hay también con envolturas como caramelos, o con capas como cebollas. Los hay prístinos y reveladores, místicos; y también los hay burlones y mundanos, podridos. Hay poemas y poetas de todos los tiempos para todos los gustos.
2. Solaz del pensamiento
No es que se deje de pensar, pero se hace sin ataduras, saltando de una imagen a otra, construyendo con velocidad las metáforas, enlazándolas, percibiendo sus texturas, sus rincones y contornos. Hay poemas que son como una ruptura con todo aquello que esté fuera de ellos, y los hay otros más que son como acertijos o juegos. Los hay laberínticos y ajedrecísticos, los hay eróticos y pícaros. Los hay juguetones y detallistas, y otros atentos observadores, minuciosos. Todo pasatiempo encuentra su versión de bolsillo (o de museo) en un poema.
3. Son infinitos en muchos sentidos
No es sorpresa que uno siempre pueda volver a un poema y descubrirle otro significado, o mejor aún, apropiárselo y dotarlo de significados. Multiplicarlo y esparcirlo, darle vida y que sea leído a discreción. Un buen poema lo es porque toca alguna fibra de la condición humana, porque nos abre una ventana del sujeto. En palabras llanas, un buen poema lo es porque da cuenta de algo que se puede sentir, percibir y pensar en todas las épocas a través de su lectura, pero que el poeta ha pensado de un modo tal que merece ser escuchado por su contenido, pero también por su solo sonido.
4. Son reflejos de lo íntimo y profundo
Un poema nos obliga a imaginar, imaginamos con aquello que conocemos y somos, entonces todo poema nos proporciona información privada de primera mano. En última instancia, un poema sólo puede ser un espejo, cada que lo leemos nos miramos a nosotros.
5. Son un bastión de la libertad
Son de los pocos lugares de ejercicio discursivo que están pensados para subvertir el lenguaje hasta volverlo radicalmente humano, radicalmente expresivo del sujeto, radicalmente libre e indeterminado. Así como hay poemas que, resultado de un estado de locura y desinhibición, recurren al balbuceo sucesivo y caprichoso de palabras lúdicas, casi perceptibles al tacto o al gusto o al olfato; hay poemas que, inyectados e inundados de obsesión, se encuentran perfectamente alineados como una pirámide, matemáticamente impecables. Y también todos los intermedios, pasando por los que son como un puñetazo discursivo, y otros como una loa para distenderse en una hamaca. A veces la sintaxis es osada y a veces erudita, a veces hay que rumiar cada palabra hasta que salga su significado como un jugo, o que emerja desde dentro de otros significados cáscara. A veces las palabras son muy grandes, casi totales, y a veces son pequeñas como adornos baladíes. Cada poema es un edificio a imagen y semejanza del albedrío de su productor.
6. Pero también son un retrato de la esclavitud
Si bien el uso del lenguaje por sí solo es enteramente libre, no así los motivos detrás de su elección. Un buen poema suele estar alimentado de emociones intensas, de imágenes apabullantes o inauditas, o que roban el aliento por su belleza o su crueldad. Un poema es en buena medida una oración, una postración ante ídolos que reconocemos en toda su gloria, un canto de alabanza. Pero no es servilismo, es honestidad, es sensibilidad, es amor por cada segundo, por la eternidad de los instantes, es reconocer lo que nos trasciende en su justa medida, reconocer las improntas que algo nos ha dejado.
7. Son interactivos
El núcleo denso del poema siempre le pasa desapercibido al poeta, lo más auténtico yace oculto entre las letras, se construye entre el inconsciente del escritor y la imagen que logre el lector. Cada reconstrucción es única y no pocas veces indecible, cada reconstrucción es un híbrido irrepetible, una mutación de cuya creación participa el lector, y que recrea de forma distinta cada que vuelve a la lectura.
8. Fomentan la empatía, la escucha y la cultura de la persuasión
En tanto expresiones libres del sujeto, no suelen más que hacer declaraciones o descripciones; en general los poemas no buscan convencer de nada a nadie. Pero en tanto expresiones libres, no han faltado quienes han intentado fabricarlos como si fuesen panfletos, sin darse cuenta que son persuasivos por naturaleza, porque comunican al lector estados profundos del poeta. Cuando uno conoce lo que sintió el otro, cuando uno puede siquiera mirar e imaginarse brevemente lo que yace esperando tras ciertos poemas, cuando uno encara aquellas bestias y apariciones, uno comprende. Comprender es persuadirse de que los otros han visto algo y les ha afectado, aunque quizás no compartamos los modos de verlo ni de ser afectados. Comprender es abrir los horizontes propios y permitirse ver las cosas con los ojos de otro por un tiempo.
9. Derrumban fronteras
Sean lingüísticas, sociales, culturales, geográficas, mentales, etc., los poemas definitivamente operan un cambio en las conexiones neuronales del lector, mostrándole ángulos de ciertas ideas que jamás hubiese imaginado. Los poemas también muestran usos de las palabras que uno ni imaginaba, dotando de herramientas finas de descripción y definición a quienes los frecuentan. La poesía mejora el habla de quienes la frecuentan como se han mejorado las pantallas de televisión: uno se representa mejor el mundo, con más resolución, por así decirlo.
10. Son un fin en sí mismos
No le son útiles a nadie, se los escribe sólo para tenerlos y leerlos, para preservar fragmentos del pasado y de nosotros. Su propia existencia se explica por ellos mismos, es decir, por su contenido y forma. Frecuentarlos es un buen modo de pasar el tiempo, es un buen modo de resistir a aquellos que quisieran que todo fuera algún instrumento de no sé qué otros ridículos fines. En combinación con la pereza y el ocio, los poemas son perfectos para sabotear la lógica de la eficiencia, muy en boga en estos tiempos.

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