
"Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada."
Goethe.
Habitualmente, las personas se presentan antes de decir cualquier cosa. Yo no.
Me hubiera parecido una entera desfachatez comentar algo sobre mí, hasta que no supieran un poco más sobre mi mente y mi mundo (así ya tendrán una pequeña idea de quién soy), además no estaba listo. No sabía quién era.
Patricio Patiño sonó probable, pero yo era más que un nominativo; concluí que esas palabras sólo sintetizaban (como todas las palabras hacen con sus objetos) lo que realmente era: tenía un puro símbolo entre manos. Además ese nominativo era (lo llamaré así por ahora) una casualidad, era obra del azar que yo hubiera tenido los padres que tuve y que hubieran elegido aquel nombre; sin embargo no por ser una casualidad entre millones, era poco probable: de hecho la única forma en que yo pudiera ser yo, era que pasara de ese modo; de otra forma no estaríamos hablando de nada y estas líneas no las escribiría nadie.
Las causas de que yo esté aquí son como ingredientes de una receta, siendo así que con todos ellos juntos era imposible que no desembocaran en mi existencia.
Para facilitar la comprensión del lector en este punto, haré una analogía con la Tierra y la vida (la cual, valga decir, también es causa de que estas líneas lleguen hasta usted) : está ubicada exactamente a la distancia del Sol que le permite recibir la cantidad exacta de su energía; tiene suficiente masa como para mantener una atmósfera, con gases que reaccionan bien y permiten obtención de energía poco agresiva para la vida; la rotación y traslación son casi exactas para mantener estables y en un cambio amable las condiciones de temperatura (que a su vez regulan los vientos y el ciclo del agua, por tanto la vida de las plantas... y así cada ecosistema); en algún punto de su evolución originó moléculas capaces de auto-reproducirse, dando origen a la vida; la evolución de estas complejas estructuras en otras aún más complejas, consecuencia de los cambios en la superficie planetaria... ¿demasiada casualidad? ¡No!. La realidad es que no podía ser de otro modo: en un planeta así las cosas no podían tener otro resultado, es como... ¡exacto!, una receta; el universo está lleno de planetas: era imposible que no hubiera uno donde se albergaran estas condiciones.
Hay algunas personas que sostienen que "las cosas pasan por algo", afirmación que es una aberración mayúscula. Sitúan la causa de las cosas en el futuro (como si lo que está pasando tuviera conocimiento del porvenir y actuara en consecuencia); sin embargo no quiere decir que las cosas no tengan su razón (intrincada y difícil de deducir, pero irónicamente ínfima) de ser. Sólo que se debe buscar en el pasado.
Por tanto, podemos decir que no existe ni el destino ni la casualidad (la analogía de la receta lo representa muy bien: el pan y el jamón no son conscientes de que harán un sandwich ni los panes le envuelven en consecuencia; tampoco es casual que el pan sea pan y no rebanadas de sandía).
Creo que he llegado a una respuesta tan definitiva como abrumadoramente recalcitrante (porque siempre guarda ese ápice de intriga y misterio propios de sucesos que jamás veremos con nuestros ojos, y por tanto jamás comprenderemos del todo): Yo (y todos, por ende) soy la conjunción última de las casualidades; soy la materialización de todas las posibilidades antes de mí, soy parte del resultado del pasado.
Por lo anterior nunca se es el mismo, siempre se está muriendo y a diario (¿a diario?, a veces es a cada segundo, o hay quienes malgastan su existir y, sin lograrlo afortunadamente, evitan el cambio) hay sucesos que nos cambian (algunos le llaman madurar, amargarse, indecisión, retroceso, etapa, segundo aire, etc), a diario las casualidades nos han aniquilado y de esos restos ha renacido un nuevo ser. Soy un instante y luego soy otro.
Soy consecuencia, y porque existo soy causa: interactúo con lo que me rodea y lo modifico, cosa que se hará palpable en el futuro. Soy la posibilidad que se concretará. Soy un eslabón más en la cadena del universo que está destinada a destruirse en algún punto (y por tanto no tiene sentido, ¿para qué todo esto?). No soy nada después del universo, ni para quien (o lo que) esté fuera de él, del mismo modo que nos es incogniscible algo fuera del universo, no son nada para nosotros.
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