10 ene 2010

Humano, más humano...


-...¡Y es por eso que necesitas de los demás para ser!
-¿Tú crees?
-Claro, es muy lógico, necesitas que alguien más sepa que existes para existir, de otro modo no existirías.
-Pero, ¿es lo mismo ser que existir?, preguntó pensativo.
-No, pero es necesario al menos haber sido... Mira, creo que nos hemos desviado de tema, el punto era: existes, de eso no hay duda, pero necesitas a los demás tanto o incluso más de lo que ellos te necesitan a ti. Es imprescindible que formes parte de algo. El templo, en este caso...
-Si lo que dijiste es verdad, yo ya formo parte de algo recíproco: las necesidades del sistema.
-¿Crees que necesitas igual de ellos como ellos necesitan de ti?
-Sabiendo que existo tengo suficiente.
-¡Ahí está! Tu ya no formas parte de algo, formabas parte de algo cuando necesitabas confirmar tu existencia, ahora tu única intensión es alejarte de tu parte colectiva y humana... ¡tu intensión es no existir! y ni siquiera lo sabes. Te diré algo importante, la existencia no es inamovible, la existencia debe ir haciéndose palpable día con día (cerró los ojos), existir debe/¡carajo que me veas a la cara! Esto no es un juego ¡llevo años trabajando en ello!, debes mantener relaciones humanas y no apartarte de Dios.
-¡Ahí tienes tu reciprocidad! Ellos no me quieren ni yo a ellos, ¿feliz?
Salió de la habitación azotando la puerta. Prendió un cigarro mientras caminaba y se dio cuenta de lo poco que le afectaba la soledad. Además ¿qué había de malo en no existir? Sólo estaría escapando a ese terco afán del hombre de perdurar hasta la perpetuidad. Sin embargo y a pesar de lo que dijo no quiso descartar a la humanidad por completo, después de todo ciertos ejemplares le caían bien; además él tenía sus propias convicciones para seguir colectivamente, pero el judío tenía razón: quería negarlos testarudamente y fingiendo demencia. Darse cuenta de esto le enojó severamente; no atinó más que echarse a dormir, dejar de existir por unos momentos le hubiera caído excelente.

Lo que estos dos personajes (quizá nadie de ese universo) no comprendían era que ser humano es mucho más que existir o ser, pero ambas son condiciones imprescindibles. Ser humano es tener influencia sobre las esencias del ser y existir, y eso es un poder que no le hemos visto a otro ser jamás.

Por otro lado quizás deba revelárselos, pero no sin antes divertirme con la soberbia propia de la juventud y con la rigidez cosechada de una educación propia del judaísmo. Hoy soy más humano, cambiaré la existencia de otros seres, aunque estos sean mi creación. Siendo así no es tan descabellado rezar, al menos para quienes son creaciones de otros.

Ésta era la conclusión que hoy me relataba un judío acompañándola con café. Es parte de su nueva novela sobre un rabino me asegura. ¡Que si de veras lo cree!, que pregunta tan estúpida acabo de hacerle, está maravillado con mi insensatez. Él es judío y muy devoto. ¡Cómo me atrevo! Debería sacarme a patadas ahora mismo, de no ser que él me conoce de varios años y que sabe que mi pregunta no contiene malicia no seguiría en su apartamento. Debería ya de dejarme de teorías estúpidas sobre la simetría y el equilibrio, ¡Qué pendejo era! No sería posible jamás que yo conciliara la tranquilidad sin acoger a Dios, ¡era justo lo que acababa de decirme!: yo creación de Dios debía rezarle para obtener su compasión. Incluso cómo me atrevía a salir vestido así, deberían arrestarme, ¡caramba! ya no nos enseñaban moral. Y ¡no! el no pretendía jugar a ser Dios por haber creado un universo ficticio, de lo contrario todo escritor estaría maldito, realmente yo era cabeza hueca. Lo mejor sería que bebiera mi café rápido y saliera lo antes posible de ahí. ¡Pero claro que me estaba corriendo!, ¿era acaso retrasado o me gustaba hacerme el imbécil? No, no estaba en posición de hablar, era momento de correr o llamaría a la policía.

Vaticinando que quizá sucedería lo anterior si daba mi verdadera opinión, opté por escucharle atentamente sin preguntar, ir al baño a cambiar mi peinado y disfrutar relativamente tranquilo de mi café. Noté su hartazgo sobre mi silencio y decidí que tampoco era bueno, entonces decidí preguntar:

-Pero, ¿no crees que estás limitando demasiado al hombre relegando la validez de su existencia a un montón de reconocimientos, cuando todos tenemos derecho a ser y existir, y de hecho estamos aquí consecuencia de ello?
-No, porque todos necesitamos de todos, sino aquel que existe fuera de los demás se convierte en innecesario e incluso inexistente. Hay que estar con el grupo para existir ¡Y es por eso que necesitas de los demás para ser!
-¿Tú crees?
...(vuelva arriba)

PD: Todavía dudo de la existencia de estos personajes,
a veces la realidad no supera la ficción, la imita.

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