A veces mi pesimismo se enoja
con el mundo y con vosotros.
Porque me dejáis a solas,
en la más cruda indiferencia.
Porque os volvéis para no mirar,
Porque os volvéis para no mirar,
o me miráis como de pasada,
con esa mirada vacía que todo lo aplana.
Sus silencios me resuenan dolorosos.
A veces incluso os dresprecio,
porque me es difícil hacer y callar,
A veces incluso os dresprecio,
porque me es difícil hacer y callar,
y todavía más ser y ser escuchado.
Me duele quereros como os quiero
porque me obligáis a encarar mis abismos.
Y no os merecéis mi mejor esfuerzo.
II
¿Pero qué derecho tengo de pediros algo,
si mi soberbia os abandonó en principio?:
Os reclamo airadamente porque quiero ser como vosotros
porque mi cobardía me pide desandar los pasos;
mas si en verdad me estimáis como hombre,
dejaréis a mis demonios aullando, una vez más, sin hacerles caso.
Y si os muevo a pena, ¡acudid al otro llamado!:
Os traigo la guerra porque anheláis la paz,
os traigo utopía porque prefieréis la medianía,
y os confundo porque queréis estar seguros.
En realidad os pido, os suplico que no me dejéis allí,
y que no me obliguéis a ser como vosotros:
Pido que vengáis y os volváis imposibles y locos.
Y si así no os convenzo,
vedme brillar, caer y morir, como siempre, a solas.
Emocionadse como si eso fuere algo importante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario