a nadie se le puede forzar para que no crea."
Sigmund Freud
Yo creo en la buena vida, creo en hacer lo que me place y creo en planearlo responsablemente. No obstante confesaré que creo conveniente, de vez en cuando, mandar al diablo esos mismos planes, por aquello de dejarme sorprender.
No creo en la moral, creo en mí. No creo en las personas, creo en lo que veo. No creo en el pasado, sino en su resultado: el presente.
Me libero de prejuicios, creer que soy algo más que posibilidad es sumamente arrogante y determinista, pero así mismo, como posibilidad infinita de este momento, tengo completo poder para transformarme a cada minuto (y de hecho lo hago, quiera o no), no permitiendo jamás que me quede estancado en lo que fui. Por eso considero que creer que "soy algo" así, casi por default, es un lastimoso grillete y una fútil ilusión. Entonces, mirando siempre adelante y retando al futuro con pedantería, me deshago de la bazofia y continuo mi camino...
A veces miro atrás, es cierto. ¿Pero quién no lo hace? Al menos yo procuro no recoger los pedazos inservibles de lo que ya fue. Yo viajo ligero, en esta vida llevo lo que me sirva y en eso también creo.
Creo en mi intuición, por poco razonable y contradictorio que parezca. Creo en la pasión y en el amor, en la bondad y en la nobleza, pero no creo que sean incondicionales bajo ninguna circunstancia. Creo en la fraternidad y la cooperación como base de un mundo mejor, y muy a mi pesar y tras muchísimas desilusiones, todavía creo en la humanidad... quizás por pura necedad, o cobardía de no dejar morir de una vez mis esperanzas en tan curiosos seres. Quizá también por eso creo en los incorruptibles: la corrupción es una enfermedad, un hongo que todo lo come, pero afortunadamente aún hay resistencia, incluso antídoto, y creo que ese será un papel mío.
Creo en mi buena, excelentísima, suerte, pues tengo tanta como para aventar al aire y llenar unas cuantas calles, eso sí, no creo poder explicarla. Obviamente no creo en Dios, porque no lo he visto ni sentido y, sobre todo, por lo que representa: las figuras de autoridad o de control me conflictúan porque creo en la libertad más absoluta que me sea concebible. Por eso yo creo que no rindo cuentas, creo que esta es mi única vida, mi único pedacito de existencia y por eso creo que me aferraré a él con todas mis fuerzas. No creo en aceptar la muerte de buena gana, yo no sé morir ni descansar en paz porque creo que la vida no me será suficiente para cumplir mis ambiciones.
Creo en el poder de la palabra, en construir el cambio desde el más tenue susurro en el oído de un amigo, hasta la más estruendosa manifestación de efervescencia y locura que millones hayan visto jamás. Creo en el cosmos y en la innegable y a la vez no pocas ocasiones incomprensible energía que nos atraviesa, porque la he experimentado; pero no creo en mi consciencia ni mi "alma" existiendo después de mi cuerpo, sencillamente porque no lo he visto... ojalá me equivoque.
Creo también en el poder de la mente y sus increíbles alcances, pero creo que existen muchas cosas que no comprendo y por eso también creo que me porto arrogante. Sin embargo, no hay manera de ser dignamente poderoso, más que siendo un espíritu grande. Creo en el poder, como puede deducirse; y creo en la lucha, en que somos más, mucho más grandes que el mal, aunque éste sea más numeroso, más ignorante, más oscuro o más perverso.
Creo en mis ancestros y en que, la mayoría, han hecho su mejor esfuerzo, y también creo que no ha bastado, o de lo contrario viviríamos en el mejor de los mundos. Sin embargo, aún me debato después: creer que han hecho lo mejor que pudieron, sería implicar que son incapaces o estúpidos, y creer que no lo hicieron los haría mediocres o malvados... eso sí, creo firmemente que son todos (salvo contadísimas y conocidísimas excepciones) cuando menos, una de esas cuatro.
De mi generación, creo en lo que otros realizan, hacer es la clave del universo: llevar una idea a la realidad material tangible ya es un milagro; creo fervientemente en la materia, creo en lo que toco y creo en lo que físicamente (hablando de partículas) soy. Creo que debo cuidarlo porque me hace feliz y me permite impactar e interactuar con todos, hasta conmigo.
Creo, como Buda, en los apegos inevitables y en que estos nos hacen sufrir. Sin embargo creo que son insuperables, o mejor dicho, que su superabilidad no es compatible con la vida contemporánea o quizás con ninguna: Creo en la justicia porque la he visto y la deseo, lo mismo diré de la amistad, el amor y la abundancia... y no pienso dejar de desearlas, para mí y los demás. Porque también creo que los deseos, particularmente éstos, nos acercan a la bondad y nos hacen felices, aunque sea un rato.
Creo, como Nietszche, en la infinita idiotez humana y sin embargo también en un tiempo mucho mejor que vendrá, donde quizás presenciaré la realización de los ideales, la verdadera evolución de las consciencias... o quizá la hecatombe final. De cualquier modo vale la pena, porque también creo que me ha tocado vivir un momento inigualable en la historia.
Creo a veces, como Cioran, en la inevitable desgracia y el absurdo de lo todo lo que mueve su estúpida masa por esta faz, pero también creo que no deberíamos tomarlo tan en serio, ni tal cosa ni nada debería deprimirnos, porque creo que sería una pérdida de tiempo y de existencia, además de un desperdicio de oportunidades para reír. Porque también creo en la risa.
Por último, también creo en cuestionar todo lo que creo, porque sé que soy falible y que debo juzgarme con extrema dureza para alcanzar la excelencia: como ya dije, un espíritu laxo y pequeño no logrará nada grande. Casi siempre sólo en este sentido puedo aceptar la disciplina. Creo también que debo dudar tanto o más de cualquiera como de mí, hasta que me demuestren que puedo hacer lo contrario.
Un humilde homenaje al maestro Carlos Fuentes
Patricio
Patricio

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