14 dic 2009

Parálisis


Caí en cuenta que estaba al exterior al fin, completamente desnudo mas no incómodo. En cuanto pude me puse de pié, parpadeaba una y otra vez mientras hacía cara de reproche a la realidad: estaba incrédulo. Dí unos pasos y encontré un pozo, el cual siempre creí que era mucho menos hondo; quité la herrería de seguridad, me asomé hacia abajo y vociferé:

-¡Ahí voy!

Y no recibí sonido de vuelta, pero aún así iba a lanzarme; entonces, sin razón aparente, comenzó un molesto e indescriptible ruido, que a cada que me empeñaba en no oírlo, subía de frecuencia y volumen.

Entonces abrí los ojos, vi que aún tenía varios abrigos encima. Moví un brazo para apagar el despertador, pero me dí cuenta que estaba encadenado. Sigo creyendo que lo más justo hubiera sido caminar hacia los límites de aquella pared de niebla que dividía aquel cuarto de la inexistencia; algo que, de haberlo hecho, hubiera traído como consecuencia eso que los humanos llaman "olvido". El zumbido no dejaba mi cabeza, pero al menos ahora tenía justificación; fui débil, seguía pensando, al decidir darle otra oportunidad a mi gestor, siendo que él, ni ese día, ni ayer ni nunca permitirá que yo me lanzara al incierto interior del pozo.

Hoy ya no puedo hacer nada, Dios me ha sepultado bajo cargas muy pesadas e inútiles, sobre todo inútiles. Me ha reducido a formar parte de los cimientos de un monumento a la cobardía. Ha dejado que me aturdan los zumbidos desde esa mañana, me ha despojado de la concentración también; pero así, sin poder hablarle ni moverme, me teme. Está consciente de que (incluso podría apostar que cuenta con ello), de poder mover un dedo, no dudaría en tratar de echar abajo a los ídolos que mancillan nuestro existir; pero ahora la apatía me susurra que es mas fácil esperar la muerte, que ese ingrato no merece el esfuerzo, y que de mi decrépito e inválido estado poca cosa puede salir.

Pienso (cuando logro olvidar el zumbido) en la terrible contradicción de desear algo temido: o vencer el temor, o el deseo. Algo que para los hombres es saberse cobardes. Sin embargo hay tantos mañanas como oportunidades para levantarse (ninguno aún).

Hoy sigo firme, mañana quién sabe, el zumbido y la apatía son grandes persuadidores; sinceramente espero poder reclamarle al pozo que ayer me hizo falta su eco.

12 dic 2009

Prejuicios Cognitivos

A grandes rasgos, un prejuicio cognitivo es aquella creencia basada en algo probable que nos hace tener cierta inclinación a pensar de tal o cual forma. De ellos nacen las falacias lógicas. Es de destacar que pensar de forma prejuiciosa para preservar el bienestar no es reprobable éticamente hablando (porque es una conducta evolutiva), lo que sí es reprobable es no confrontarlo a crítica, prueba o debate; o bien, si ya se hizo y se demostró su invalidez, es reprobable también negar las conclusiones más lógicas sea de la forma que fuere.

En otras palabras, si una persona X "no te da confianza" por como se ve, actúa, habla, etc... está bien, es parte de la tendencia natural a conservar el bienestar. Lo que NO está bien es que te cierres a esa postura cuando alguien más te de referencias buenas (ciertas) de esa persona y tu insistas en excluirle.

Pero los prejuicios cognitivos van más allá, abarcan prácticamente toda forma de pensamiento involucrada en la relación con nuestro entorno, porque se trata de un problema de percepción, por tanto NADIE está exento de presentarlos. A continuación dejo algunos ejemplos de prejuicios cognitivos, a mi juicio los más interesantes:

Sobre predisposición conductual.

Efecto Bandwagon, efecto de arrastre o efecto del carro ganador: Es la tendencia a hacer (o creer) cosas porque muchas otras personas hacen (o creen) esas cosas. También se puede dar el efecto contrario, rechazar algo por el mero hecho de que es lo que hace la mayoría. Este es el mismo instinto de manada o falso consenso.

Prejuicio por impacto: Es la tendencia a sobrevalorar la duración e intensidad de los futuros estados emocionales, basándose en experiencias previas. No es necesario que ante estímulos iguales se sienta de la misma manera en dos puntos temporales distintos.

Sesgo de la responsabilidad externa: El ser humano tiene tendencia a disfrutar, a sentirse reforzado y en calma cuando este toma consciencia de que no es responsable de sus actos. Aunque pudiera parecer extraordinario la consciencia de los individuos tiende a depositar las decisiones en agentes externos. Esta tendencia se debe a aspectos evolutivos. Algunos autores, argumentan que este comportamiento se debe a que las consciencias que permiten ser dominadas por un ente considerado superior sobreviven y las que no lo permiten desaparecen. La capacidad para parecer superior y no controlable por los demás no es otra que la capacidad para ser líder, incluso si este toma malas decisiones o es un mal gestor. Aquellos que no fueran capaces de derrocar al líder o estamento de poder deberían estar con él. Esto lleva a pensar que la consciencia ha evolucionado para crear un mecanismo que facilite la asimilación y permanencia agradable con los líderes, entregando y facilitando la propia voluntad. También se observa en el placer que experimentan algunos individuos al entregarse completamente a otra persona, ya sea su pareja en el amor, o en versiones extremas en masoquismo. Todas estas actividades son de extrema importancia para la evolución. Asimismo, la religión es la variante en la que los humanos encontramos paz, al entregar nuestras responsabilidades y destinos a un ser siempre considerado supremo.

Aversión de pérdida: Es la tendencia de las personas a preferir, en mayor medida, evitar las pérdidas, superiormente, a la posibilidad de adquirir ganancias. Un individuo prefiere no perder 100 euros antes que ganar 100 euros, lo cual supone una asimetría en la toma de decisiones.

Prejuicio o sesgo de punto ciego: Es la tendencia a no darse cuenta de los propios prejuicios cognitivos.

Sobre creencias y probabilidad.

Prejuicio de creencia: Es la tendencia a basar las valoraciones o evaluaciones en creencias personales.

Pareidolia: Un tipo de error de confusión en la percepción debida a la natural asociación e instinto social de reconocimiento de expresiones faciales y objetos comunes que se produce cuando al introducir un estímulo vago éste se percibe como algo claro, distintivo o altamente significante.

Prejuicio de retrospectiva o recapitulación: Conocida también como el efecto «Siempre supe que iba a pasar, lo sabía!» o «ya lo había supuesto», muestra la inclinación a ver los hechos pasados como fenómenos predichos o predecibles. Los individuos están, en realidad, sesgados por el conocimiento de lo que realmente ha pasado cuando evalúan su probabilidad de predicción.

Sesgo de autoservicio o sesgo hacia mi lado: Es la tendencia de algunas personas a errar en su observación e ignorar pruebas o hechos en contra de la postura que defienden.

Efecto de sobreatribución, sesgo de correspondencia o error fundamental de atribución: Es la tendencia o disposición de la gente a sobre-dimensionar los motivos personales internos a la hora de explicar un comportamiento observado en otras personas, dando poco peso por el contrario a motivos externos como el rol o la situación, para este mismo comportamiento. La gente tiende a obviar los motivos externos y cree más e incluso amplifica los motivos genéticos o de carácter internos. Cuando las personas piensan en sí mismas atribuyen su éxito a una cualidad personal (inteligencia, bondad, fuerza, carácter) y sus fracasos a circunstancias externas (mala suerte, desventaja, manías). Por otro lado, cuando la gente piensa en otros, atribuyen los aciertos de los demás a circunstancias externas (tuvo suerte, tuvo ventaja) y los fallos a debilidades o características internas (tiene mucho carácter, él no es suficientemente fuerte, inteligente).

Y ya por hoy aquí le dejo... no quiero que les de flojera leerlo.

(Fuente y lista completa en: Wikipedia.org)

6 dic 2009

(Sin)razones contra Dios

I

Durante los casi 39 años que llevo de vivir en el pueblo, jamás se había suscitado algo parecido: la situación era verdaderamente inverosímil, y como era de esperarse, generó gran polémica. Debo aclarar que a pesar del ideario social, la gente de este pueblecito conforma una comunidad altamente educada y exigente en la rendición de cuentas: una auténtica migraña para sus gobernantes, quienes se ven obligados, en la mayoría de las ocasiones, a trabajar.

Por una parte estaban aquellos que apoyaban al hombre desaparecido, argumentando que su uso de facultad ¡fue propiciado por las circunstancias!; por otra parte estábamos (la gran mayoría, estoy seguro) los que reprobabamos la medida, ya que, además de considerarla un total abuso de poder, posee agravantes muy comprometedores que servirían incluso para acusar de pederastia al funcionario: sucedió en la ludoteca de una primaria pública, había ropa pequeña tirada en el piso, uniformes para ser exactos; se encontró un artefacto de madera largo y plano (como una delgada tablita) cubierta de sangre en uno de sus extremos y otra serie de evidencias que por ahora no vale la pena mencionar, pues sería fácilmente argumentable que son parte de desafortunadas coincidencias.

Antes de conocer las investigaciones y el resultado oficial, nuestra sociedad se inclina por dos grupos de hipótesis: La primera, dice que aquella persona encargada de la seguridad de los pequeños, en "una perturbación de las condiciones correctas", tuvo que defenderlos con aquella tabla delgada de el/los agresores.

No obstante que tal cosa plantea varios huecos en la explicación de lo sucedido. Para mí es evidente una cosa, y es esencial en la segunda hipótesis que acobijamos los no oficialistas: aquel corrompido pedófilo sodomizo a nuestros niños y los raptó después por temor al peso de la ley y la reprimenda social.

En cualquier caso, ellos no aparecen y no estamos satisfechos. El hombre que estaba a cargo de ellos tampoco ha dejado rastro. Estamos estupefactos y muy tristres, las madres y padres y todos los maestros lloramos cada día con menos esperanza.

Será difícil recuperarse de un golpe así, y no es que nos guste pensarnos como víctimas, pero tampoco nos haremos los desentendidos al respecto, como si nuestros niños se hubiesen ido por nada. Necesitamos lidiar con el duelo, dejarlo salir. Y condenar a este sujeto apenas lo encontremos, o condecorarlo según algunos.

II

El dolor es inaudito y la incertidumbre total, una es causa de otra necesariamente. Estamos hartos de la zozobra y hartos del vacío. No queremos continuar. El gobierno nos pide paciencia, nos pide fuerzas y nos insta a la calma y a no extraer conclusiones apresuradas. ¿Apresuradas? Llevan mucho tiempo ya en la misma búsqueda y con las mismas pistas, ¿será que no quieren o no pueden encontrarlos?

Todo parecer sugerirnos algo con lo que nadie que se precie de algo de decencia estaría de acuerdo: no van a aparecer, a efectos prácticos, todos los involucrados en tan desafortunado incidente, se esfumaron sin dejar rastro. Es difícil pensar algo así en nuestro mundo tan lejano del misterio. Un mundo tan cercano a la virtualidad, a la inmediatez y a la negación de la privacidad. No es posible, ni siquiera concebible que algo así suceda. Y si es el caso, habla muy mal de nosotros, o de algo en particular de nuestra forma de vida.

No aparecen y nos piden comprensión, como si se tratara de un problema cuyo desenlace traerá la pasividad. Son unos imbéciles. Estoy bien seguro que con esa actitud ni buscan ni encuentran ni logran esencialmente nada.

III

El alcalde ha salido hoy a decir que ha encontrado nuevas evidencias. Los niños fueron vistos en las afueras del Estado, en una pequeña localidad rural, acompañados de tres adultos no identificados. Uno de ellos regordete y posiblemente calvo, es nuestro hombre, y al que desde hace ya varios días buscan nuestras autoridades, hostigadas por nosotros.

No es que pensemos que en todos los casos lo siguiente está bien, pero creemos que en nuestra situación es muy lógico pensar que sólo después de aplicarle el castigo correspondiente a este sujeto podremos tener un poco de paz para nuestras familias. Venganza es una petición legítima para quien se encuentre en nuestros zapatos, y esa voz nos hermana a lo largo y ancho del planeta. Justicia sí es venganza en ocasiones. Quien diga lo contrario o no sabe de lo que habla o simplemente es un hipócrita, cosa igualmente válida en ciertas circunstancias.

Se dice también que uno de estos hombres sería un profesional de seguridad de origen incierto. Se deduce esto por la escrupulosa huída que han llevado a cabo, a pesar de cargar con un grupo tan grande y visible de imprudentes infantes. Del tercer integrante no se sabe gran cosa, salvo su peculiar estatura, varios centímetros encima del promedio.

Respecto de estos dos hombres no se sabe más, no se sabe cuándo se unieron al supuesto guardia ni por qué. No se sabe si viajan separados o unidos, ni de si conservan puntos estratégicos de reunión, no se tienen horarios fijos ni datos de hospedaje o movilidad. Es como si prácticamente hubiesen aparecido ahí de la nada, sin nungún hilo lógico, como si por arte de magia alguno de esos desgraciados hubiese chasqueado los dedos y deseado aparecer allí, en medio del desierto, y lo hubiese conseguido. Estamos enojados por esto y seguiremos insistiendo, somos víctimas de un cruel sinsentido, de un crimen anárquico y ruín. Exigimos una solución con tal energía que estamos dispuestos a suspender nuestros compromisos hasta sentirnos satisfechos con el cierre de este capítulo, el más negro de nuestras vidas.

IV

Cierro el pequeño portón que separa mi patio de la calle, camino en dirección a la Iglesia, veo el día a medio nublar. No lo comprendo del todo. El apagado pavimento me parece nauseabundo, me parece que oculta un abismo insondable y oscuro, me provoca vértigo. Sigo caminando, las nauseas no disminuyen. Pienso en que hace ya mucho que no toco a mi esposa, quizá desde aquel día se me prohibió hacerlo, las fuerzas universales me han castrado.

La tristeza es infinita, el suplicio interminable y el sinsentido insoportable. ¿Cómo puede existir un Dios que permita que sucedan estas cosas? No lo comprendo, no estoy de acuerdo. Preferiría no ser partícipe de esto, es perverso y obsceno en muchos niveles.

Continúo hasta un portón azul. Toco enérgicamente y la puerta se desliza suavemente hacia adentro, la luz opaca y débil se introduce por aquella pequeña hendidura. Hago ademanes reverenciales para indicar mi transición al espacio apartado y entro sigilosamente, en actitud de recogimiento. Dentro yace una cruz en la cima de un altar, y hay varios sujetos elevando oraciones. Yo vine a maldecir.

Maldigo a una tradición, a una forma de ver el mundo. Maldigo la búsqueda estúpida de sentido, porque no ayuda. Maldigo el voltear a otro lado (y más hacia arriba, hincado) porque nos distrae de este mundo y de su infinita complejidad. Maldigo la hora en que os colocaron las cadenas, fanáticos y débiles de espíritu. Maldigo las horas en que se inclinan.

En parte yo sé que tienen la culpa, lo que ignoran no les molesta porque lo reprimen. Pensar será doloroso, pero no deben evitarlo. Si una oportunidad tenían de volver nuestros pequeños, estoy seguro que se incrementa si pensamos en cómo ayudarles, y que disminuye si ocupamos nuestro tiempo en postrarnos ante burdas imágenes y copias, erigidas en modelos por el vulgo.

V

En un universo donde desaparecen varios niños y tres personas adultas con ellos, no se puede confiar en nadie. Yo no quiero confiar en nadie, me niego y me rebelo. No pienso seguir. Me voy ahora mismo para darle un final a esta historia. Aquí las cosas van a cambiar.

Darle sentido a algo como esto requiere una reforma profunda de las leyes universales, necesitamos algo que garantice la continuidad y la causalidad lógica de los eventos, necesitamos un ordenamiento razonable. Un universo que podamos entender. El misterio sólo me rebela que detrás de todo, existe un ser imperfecto, y en sumo grado más que yo mismo. Yo no me he equivocado hasta ahora, yo hice lo que se esperaba de mí, yo fui regular. Si examinasen mi proceder, notarán la más precisa de las consistencias.

Hoy he elevado mi escalera al cielo, voy a intercambiar lugares con Dios y voy a encontrar a nuestros niños, le voy a quitar el mando y lo voy a reprimir por ser impredecible. Dios debe ser exacto como un reloj.

He llegado a esa conclusión. Si de alguien es culpa lo sucedido, es de aquel que lo regula y lo ve todo en lo secreto. Él debe obrar con arreglo a leyes, él debe proveernos de terreno para aseverar correctamente, para elegir lo mejor. ¿Ha hecho esto con nosotros? No, jamás. Aquí el orden se rompió, se detuvo quizás sólo un instante, pero eso es suficiente para quebrarlo todo. Un Dios no puede fallarle a su mundo. ¡Oh Padre mío, cédeme la potestad de tu creación, que yo fui padre también y lo fui todo lo bien que pude!

Mi misión fue proveerle a mi hija todas las opciones para su desarrollo, y todas las herramientas para su crecimiento. Tú, o tus errores, me la arrebataron. Es hora de arreglarlo.

VI

Los niños salieron de clases normalmente aquel día caluroso de verano. Los padres los recogieron, uno a uno sin contratiempos, sin tardanza. Esos niños llegaron sanos y salvos a sus casas y continuaron su vida sin sorpresas. Se desarrollaron hasta donde el sistema pudo esperar algo de ellos, o quizás más. Concretaron algunos de sus proyectos, y siguieron su curso de mortales tal y como lo hicieron millones antes de ellos, y tal como lo harán otros tantos después.

Se dice que entonces el universo se hizo un lugar preciso y contínuo. Dios bajó de su trono, se hizo mortal y se puso a escribir historias fantásticas. Su personalidad desordenada e imprecisa le hizo muy hábil en este género, donde también gustaba de introducirle fatales y dramáticas discontinuidades a todos los universos creados, y así torturar a sus personajes que forzosamente requerían de continuidad para hilar una historia. Afortunadamente ya no cargaba con destinos de personas reales en sus hombros, a lo mucho sufrirían por sus desatinos unas cuantas gotas de tinta.

Se dice que algo parecido ha pasado con el gobierno. Son los hombres más consecuentes, sensatos e ilustres los que nos gobiernan en tronos divinos; y más bien son las intemperantes y peculiares divinidades las que ahora gobiernan mundanamente, con todos sus desordenes y sus pasiones por delante. De modo que la estabilidad primigenia la debemos a la bondad y capacidad inagotable de nuestros espíritus más ilustres. Ellos entronizaron a la razón y a nuestras determinaciones subjetivas para gobernar el mundo. Tan es así que tendemos a creer que el mundo es tal y como se nos muestra por la ciencia.